École Normale Supérieure LSH (Lyon)

Cours de Carlos Heusch

L2: Théorie de la littérature 1, la poésie

III. Poesía de “clerecía”

Presentación del género

                        Durante mucho tiempo, nuestra percepción del género poético medieval conocido como “mester de clerecía” (métier de clergie) ha quedado condicionada por una especie de autodefinición genérica que aparece en uno de los textos conservados más antiguos. Se trata del largo poema narrativo llamado Libro de Alexandre cuya famosísima y glosadísima “copla” (estrofa) segunda reza así:

 

Mester traigo fermoso     non es de joglaría;

mester es sen pecado      ca es de clerecía:

fablar curso rimado          por la cuaderna vía

a síllavas cuntadas,           ca es grant maestría.

      

                  Siguiendo la vieja consigna de las escuelas de que determinatio est negatio, esta primera definición de esta manera de hacer poesía, o “mester”, empieza determinándose por lo que “no” es; se define a partir de aquello a lo que se opone. La expresión “non es de joglaría” sitúa de entrada este “mester” al margen de aquel que posiblemente pudiera conocer el público al que se dirigía: el arte de los juglares, el arte de aquellos cantores, más que poetas, que iban deambulando de villa en villa y de castillo en castillo, interpretando, sin duda con acompaĖamiento musical, algo de escenificación y mucha improvisación, los cantares de los héroes más apreciados a cambio de algunas monedas, posada y, sobre todo comida y… buen vino. Esta podemos suponer que era la vida de los juglares, una vida errante, considerada como disoluta y deshonesta; una vida, por tanto, asociada al “pecado”. De ahí que ese “mester” que trae el poeta del Alexandre sea presentado como “sin pecado”, alejado de la vida pecaminosa de los juglares. Frente a la errancia juglaresca está pues el sedentarismo clerical de este mester “sin pecado” por ser el de unos clérigos íntimamente ligados a un espacio específico, como lo veremos, por ejemplo un monasterio.

Todo apunta además en la copla del Alexandre hacia la novedad de dicho mester. Primero la necesidad de presentarlo en sí de manera metanarrativa (si fuera algo conocido del público, ņqué necesidad habría de presentarlo?), luego la expresión “traigo” con la que lo nombra el poeta que sugiere la llegada de algo nuevo y desconocido, una “aportación” nueva y, en este caso, habría que decir una “importación” pues, como veremos, esta poesía es, en gran medida, adaptación de modelos foráneos: en el “traer” del mester por parte del poeta del Alexandre está ya la clave de lo que sería una de las mayores “translaciones” culturales que van a conocer las letras hispánicas del momento. Poesía nueva, por lo tanto, venida de fuera, fruto de la clerecía y opuesta a la pecaminosa juglaría, idea que confirma además la segunda obra de la cronología de la cuaderna vía, el Libro de Apolonio, cuya primera copla –que también ha secado más de un tintero– habla del poema diciendo:

 

componer un romance de nueva maestría

del buen rey Apolonio y de su cortesía (1c-d)

 

ņEn qué ha de consistir dicha novedad de la maestría, más allá de la diferencia del ámbito creativo en el que surge? Ahí también la oposición a la juglaría parece cobrar toda su eficacia. Se trata, como lo dice el primer verso, de un “mester fermoso”, es decir en el que se supone debemos apreciar una calidad formal que aparentemente no era la característica principal del mester llamado “de juglaría”, según el autor del Alexandre. Éste será “fermoso”, es decir “pulido”, “perfecto”, “sin fallo o mengua”. El mismo poeta nos indica dicho camino de perfección :

 

fablar curso rimado     por la cuaderna vía

 

 

El “fablar” de este mester no va a tener la libertad creativa, la improvisación de los cantares de los juglares, siempre cambiantes en función de las diferentes interpretaciones, sino que va a estar sometido a unas reglas muy estrictas, a unas contraintes formales en las que va a residir su más eficaz definición: expresarlo todo con versos que rimen unos con otros, buscando además la mayor rima posible, la consonancia (frente a la asonancia de las tiradas épicas) y dentro de una unidad que no aceptará la menor variabilidad. Esa unidad invariable es la “cuaderna vía”, es decir la estrofa “cuaderna” o de cuatro versos, que se opone claramente a la absoluta variabilidad de la tirada de los cantares de gesta cuya extensión podía ir de los 4 a los más de 200 versos. En esta poesía “fermosa” cada idea deberá ser manifestada en sólo cuatro versos “rimados”, lo cual parece indicarnos también otra de las características formales de esta estrofa y es su carácter no sólo consonántico sino también monorrimo: una sola rima para los cuatro versos. El poeta aĖade cómo han de ser los versos: “a síllavas cuntadas”, es decir que, contrariamente a lo que ocurre en la juglaría, en esta poesía nueva hay que contar las sílabas para obtener siempre el mismo número de ellas: es pues un alegato en contra del anisosilabismo imperante en la épica, sobre todo en la castellana y a favor de la elección de un verso específico que por ser, al fin y al cabo, conocido de todos los oyentes de cantares no hace falta definir: el verso de 14 “sílabas contadas” (mayoritario, por ejemplo, en una obra como el Poema de Mio Cid). Y el resultado de todo ello es no sólo una poesía “fermosa” sino una poesía de “maestros”. Cada poema del mester se aparenta pues a una “obra maestra” es decir aquélla a través de la cual su autor demuestra su “maestría” es decir su perfecta posesión del oficio. Con lo cual llegamos a la conclusión de que sólo esta poesía nueva, “fermosa” y de “grant maestría”, debería poder ser considerada como “mester”, como oficio de maestro

 

 

La clara oposición con la juglaría que recorre los cuatro versos de la copla 2 del Alexandre ha dado pie a que la crítica distinguiera esas dos poesías de los orígenes literarios castellanos. Una poesía “de juglaría” con gran libertad formal y de cariz popular, que habría producido los cantares de gesta (los poemas épicos) y, por otro lado, una poesía “de clerecía” con imperativos formales, culta (de “grant maestría”), que habría producido poesía esencialmente religiosa con finalidades catequéticas, en acorde con lo recomendado en el Concilio de Latrán (1215) que aconsejaba, entre otras cosas, el uso de la literatura para aquilatar la fe de los fieles. Así pues esta oposición entre los dos mesteres ha estructurado durante aĖos los capítulos de los manuales de historia de la literatura dedicados a la edad media. El problema es que si bien el poeta del Alexandre parecía tener un sentimiento agudo de lo que separaba su arte nueva de la de los juglares, las diferencias con la poesía épica a menudo se limitan a las consideraciones formales apuntadas por este poeta.

 

Efectivamente, la noción de “clerecía” es insuficiente para dar cuenta de la gran variedad de contenidos que observamos en las obras de la “cuaderna vía”. Se trata de un movimiento literario profundamente heteróclito que se extiende a lo largo de dos siglos (los siglos 13 y 14) y cuyas temáticas cubren campos tan diversos como los siguientes:

            hagiografía (vidas de santos) o literatura religiosa en general (milagros, oraciones…);

            poesía épica con carácter “nacionalista”;

            literatura caballeresca (adaptación del roman francés);

            parodia literaria, en particular de temática amorosa;

            didacticismo (misceláneas, paremiología…).

 

                        Por otro lado, la distinción entre los dos mesteres puede llevarnos al error de pensar que sólo la cuaderna vía es obra de le clerecía y que ésta, por lo tanto, no intervendría en las obras épicas. Como ya se ha demostrado, ello es totalmente falso, pues el ámbito clerical es, en el marco románico, uno de los principales agentes creativos de la poesía épica en su vertiente escrita. Valga sólo recordar la tesis neo-bédierista según la cual muchos cantares de gesta se forjaron en monasterios relacionados con un héroe épico en particular. E resumidas cuentas: “ni toda la juglaría es épica […] ni toda la clerecía es eclesiástica”, como lo escribió el profesor Francisco López Estrada (Introducción a la literatura medieval, 1979, 309).

 

De ahí que resulte hoy en día mucho más correcto intentar comprender este fenómeno literario que arranca con los primeros aĖos del siglo 13 –cuando podemos suponer que se plasman por escrito los grandes poemas épicos–, a partir de la “cuaderna vía”, presente en todas las obras, antes que a partir de la noción algo polémica de “mester de clerecía.

 

La mejor definición de este género sigue siendo, pues, esencialmente formal: estriba en la elección del tetrástico alejandrino monorrimo (estrofas, llamadas “coplas”, de 4 versos alejandrinos [1] –14 sílabas en castellano– con una sola rima consonante : AAAA y cada verso dividido en 2 hemistiquios –generalmente 7+7– “llanos”, es decir acentuados cada uno en la 6Ľ sílaba) que si bien es mayoritaria no es exclusiva: en algunas obras de la cuaderna vía aparecen otras formas estróficas al lado de la ya citada, como los pareados (tanto isosilábicos como anisosilábicos) o los tercetos monorrimos de pie quebrado. El denominador común es que todas estas formas eran consideradas como cultas pues eran adaptación de formas presentes en la literatura latina. La cuaderna vía nace pues como una especie de revancha culta sobre las prácticas literarias anteriores y como consecuencia de la gran translatio studii que caracteriza la Europa del siglo 13, es decir la Europa de las nuevas universidades, inspiradas por el modelo francés. En este sentido, se ha hablado a menudo de la influencia que pudo tener para los futuros autores de la cuaderna vía la creación de un centro de difusión intelectual como la universidad de Palencia donde sabemos que se formó Gonzalo de Berceo, uno de los máximos exponentes de esta poesía. Se ha comentado, asimismo, la importancia de los intercambios monásticos entre Castilla y Francia de donde proviene la mayor parte de las innovaciones poéticas de la cuaderna vía.

 

Pero en el caso de la cuaderna vía poesía culta no significa poesía elitista, reservada a un restringido grupo de iniciados. Es culta en cuanto a la “maestría” necesaria para su elaboración, no en cuanto a su comunicación ni a sus destinatarios. Efectivamente, así llegamos a la segunda característica de este “mester fermoso”. Una de sus principales razones de ser es la divulgación “popular” (entre un público de legos, de no letrados) de historias y textos acaso inaccesibles por estar escritos o conservados en latín. La lengua de la cuaderna vía es siempre el “… roman paladino, / en qual suele el pueblo fablar con so vezino” (Berceo, Vida de Santo Domingo): la lengua que todos hablan y todos entienden, y en esa lengua vierten los autores de la cuaderna vía textos latinos. Y he ahí, después de la presencia (no exclusiva) del tetrástico, el segundo elemento común a todas las obras de la cuaderna vía: son siempre en su totalidad o parcialmente la “translación” (es decir traducción o reescritura) en vernáculo de una obra en latín que será considerada como la fuente textual –lo que “diz la escriptura”– a la cual los textos de la cuaderna vía remiten a menudo como en busca de una auctoritas que ampare a sus autores de toda crítica. No se sienten por tanto “creadores” sino “recreadores”, “trasladadores”. Como dice el mismo Berceo “ca ál non escrevimos si non lo que leemos” (Poema de Santa Oria, 91d). Y, sin embargo, en ocasiones esta actividad les propicia tal fama que no dudarán, en dejar bien claro en las obras sus nombres y seĖas, algo verdaderamente nuevo en las letras castellanas, como en el caso de Berceo que es el primer poeta que asume su “yo” creativo “dentro” de su obra.

 

A partir de ahí todo queda abierto en cuanto a las posibilidades de difusión de esta poesía: la lectura colectiva en determinados centros monásticos frecuentados por peregrinos (como San Millán), como en el caso de las obras de Berceo, o incluso una difusión de tipo juglaresco para las obras más bien épicas (p. ej. el Poema de Fernán González) o “disidentes” como el Libro de buen amor o en apoyo de la nueva predicación para la que se recomiendan “historias” amenas (milagros, exempla…).

 

Evolución de la “cuaderna vía”

                        Como ya se ha dicho antes, esta corriente literaria es heteróclita y se extiende por un período bastante largo, produciendo una veintena de obras conservadas, a menudo muy distintas entre sí. En los párrafos anteriores se ha intentado perfilar esquemáticamente lo que todas ellas tienen en común. Ahora bien, al entrar en más detalles cabe hacer ciertas distinciones pues no basta, sin duda, con mencionar el uso de la copla cuaderna y el principio de romanceamiento de un texto latino. El uso mismo de una y otra de estas dos componentes mayores de dicha corriente poética evoluciona en este largo período de dos siglos, en los que Castilla conoce tantos cambios culturales, lingüísticos y literarios. ņCómo podríamos obviar las diferencias existentes entre una obra como el Alexandre, que se halla en los albores de la literatura romance castellana, y, por ejemplo, el Libro de buen amor, contemporáneo de una literatura perfectamente estructurada como la del infante Juan Manuel? Y ņqué decir del Rimado de palacio y su carácter perfectamente misceláneo, como lo apuntaba Francisco Rico (“Entre el códice y el libro”, 1997), tan profundamente distinto de esos ditados unilineales y cronológicos de la primera cuaderna vía? Todo ello nos conduce a establecer, con Isabel Uría (2000) y otros críticos, una distinción fundamental entre:

 

            una cuaderna vía “clásica” que Uría no duda en calificar de “mester de clerecía” o de “escuela de Palencia” y que corresponde, grosso modo, a las obras mayores del mester, compuestas en el siglo xiii y casi deberíamos decir en los reinados de Fernando III y Alfonso X (para excluir de este período el principio y el final de dicho siglo);

            una cuaderna vía tardía, la del siglo 14, que acusa ciertos cambios fundamentales con relación al modelo anterior, caracterizados por :

Š             Una evolución métrica: aparición de la sinalefa en alternancia con la dialefa, del anisosilabismo (mezcla de alejandrinos con versos de 15 o de 16 sílabas);

Š             Una evolución estructural: los epígonos del siglo 14 admiten varias formas estróficas (tercetos…) mientras que los poemas “clásicos” sólo se sirven del tetrástico. Además, en muchos casos, hay una libertad creativa nueva que permite aĖadir otros textos a la fuente latina que se traduce, tanto es así que el romanceamiento puede llegar a ser algo verdaderamente secundario en el conjunto de la obra, mientras que lo esencial de las primeras obras lo constituye la traducción del “escripto”. Así se constituyen textos híbridos, en los que cohabitan varias formas discursivas;

Š             Una evolución temática: las crisis del siglo 13 van determinando un espíritu nuevo, bastante alejado del tono moralizador y aun idealista de los autores del siglo 13. Este espíritu nuevo se caracteriza por la importancia del realismo desengaĖado, del pesimismo… y desemboca en una literatura más marcadamente satírica, mordaz y paródica, impensable entre los poetas de la escuela palentina.

 

Es pues indispensable en el marco de un análisis de textos poder distinguir entre estos dos movimientos creativos y no caer en esa especie de “trampa” formal que resulta la copla cuaderna.

 

Las obras del “mester de clerecía” (siglo 13)

 

Libro de Alexandre:

Anónimo, de principios del siglo 13 (probablemente entre 1220 y 1227, aunque algunos críticos sitúan antes su composición). Obra compleja y de gran envergadura que algunos críticos han atribuido a Berceo pero que, dadas sus particularidades, parece más bien una obra colectiva llevada a cabo por escolares en los ambientes cultos de la temprana universidad de Palencia, en los que bien pudiera haber participado Berceo, y donde parece que se fraguó la primera escuela del “mester de clerecía”, con Berceo y los anónimos autores de obras como el Alexandre, el Apolonio o el Poema de Fernán González (Uría, 2000:193-4). Es la obra más antigua conservada de la cuaderna vía y probablemente sirvió de modelo para las demás. Las fuentes latinas que romancea el Alexandre son varias aunque la principal es el poema del francés Gautier de ChČtillon, Alexandreis (conocido a partir de 1187) y también la versión francesa del mismo tema titulada Roman de Alexandre. La obra tiene como tema esencial la vida del rey de Macedonia Alejandro Magno (356-323 a.C.) y se estructura según la clásica división cronológica tripartita de las tres edades del héroe: 1) juventud y formación, donde se manifiesta el carácter letrado del príncipe educado por Aristóteles, tema muy trillado en los textos sapienciales de origen oriental. Culmina con la investidura caballeresca del héroe y su coronación (coplas 7-198); 2) Conquistas de Alejandro y “dominio del mundo” divididas en 3 etapas: Grecia, Persia e India (coplas 199-2265) y 3) La hegemonía de Alejandro que se manifiesta a través del afán de saber: tras haber conquistado el mundo, Alejandro va a pretender conocerlo, investigarlo, entrando en unas vías impenetrables que le harán incurrir en el pecado de soberbia y precipitarán su caída (coplas 2266-2669). El sentido del poema es doble, como tantas cosas en esta obra a caballo entre la “clerecía” y la “juglaría” y primer gran relato de aventuras de la literatura castellana: por el lado “juglaresco” se exalta la fama del héroe caballeresco, capaz de dominar el mundo (tesis de M.Ľ Rosa Lida), pero por el lado “clerical” se puede asociar al género de la “caída de príncipes”: la caída del emperador a causa de su soberbia cobra un valor ejemplar y moralizante, en adecuación con el sentido de muchas obras de la cuaderna vía (tesis de I. Uría, I. Michael, A. Deyermond et al.).

 

Libro de Apolonio:

También anónimo y posiblemente creado poco después del Alexandre, en el contexto histórico de los primeros poemas de Berceo, es decir hacia 1230, y en ese mismo contexto cultural de “clérigos entendidos” que podemos asociar con las preocupaciones del studium palentino, antes de que, tras la unión entre Castila y León en ese mismo aĖo de 1230, la atracción intelectual del nuevo reino la ejerciera Salamana, iniciándose así el proceso de decadencia de la universidad de Palencia. Su fuente principal es el relato latino Historia Apollonii Regis Tyri que es una especie de novela griega o bizantina cuya redacción se remonta al final de la Antigüedad latina (siglos v o vi, aunque algunos estudiosos lo remontan hasta el siglo iii). La trama argumental sigue por orden cronológico los episodios de las aventuras del joven rey de Tiro, Apolonio, de nuevo un rey ingenioso, culto y muy diestro en todas las “artes”, concretamente en la música. La trama argumental es algo compleja. Las vicisitudes del príncipe se inician cuando descubre el secreto del rey Antíoco, enamorado de su hija. A pesar de que Apolonio puede volver a su ciudad, Tiro, Antíoco planea su muerte. Apolonio inicia una serie de viajes para aprender por experiencia y no sólo en los libros. En Pentápolis, Apolonio seduce con la música a la hija del rey, Luciana, y se casan. Advertido de que ha heredado el reino de Antioquia, la joven pareja emprende el viaje. Durante la travesía Luciana da a luz y dejada por muerta es depositada en una caja de madera para que sea enterrada de llegar a tierra firme. Así ocurre, en Éfeso, pero un médico la hace revivir tras lo cual se encierra en un templo de Diana. Mientras tanto, Apolonio y su hija (a la que llamarán Tarsiana) llegan a Tarso. Apolonio deja a Tarsiana y se va a Egipto. La niĖa va creciendo, haciéndose hermosa e intelectualmente brillante, lo cual suscita le envidia de su niĖera Dionisia quien ordena a un criado suyo que la mate en un bosque. Sin embargo la joven es robada por unos piratas y vendida en Mitilene para que ejerza la prostitución. Con su discreción natural consigue no sólo salvar su virginidad sino convencer a su dueĖo de que le deje ejercer otra profesión, la de la juglaría. Pasan los aĖos y Apolonio vuelve de Egipto a Tarso para recuperar a su hija. Cuando le dicen que ha muerto es tanta su pena que decide volver a su patria a morir, pero una nueva tormenta desvía el navío hasta Mitilene, donde Tarsiana se ha convertido en una famosa juglaresa, bajo la protección de Antinágoras, príncipe de la ciudad. La anagnorisis tiene lugar entre padre e hija y Antinágoras le pide a Apolonio la mano de su hija. Tras las bodas, los tres se embarcan rumbo a Tarso, pero siguiendo lo indicado a Apolonio por un ángel viran de rumbo hacia Efeso para buscar a Luciana. En Antioquia, Apolonio ofrece a su yerno el gobierno del reino y luego se marcha a Pentápolis, la patria de su recobrada y amada esposa. Allí tienen un hijo varón, Architrastes (como su abuelo) y tras la muerte del anciano padre de Luciana, heredan el reino –que dejarán luego a su joven hijo–. Viajan luego a Tiro donde deciden vivir hasta su muerte.

 

Gonzalo de Berceo:

Posiblemente naciera antes de 1196 y estaba aún vivo después de 1252 y probablemente hasta 1264. Nació en la riojana villa de Berceo y su vida estuvo íntimamente vinculada al monasterio de San Millán de la Cogolla que poseía un importante scriptorium y valiosos códices latinos de donde Berceo pudo sacar el material de sus romanceamientos en cuaderna vía. Su calidad de clérigo secular (Uría, 2000:269), aunque vinculado a dicho monasterio, iba a tener una influencia decisiva en su creación pues toda su obra es marcadamente religiosa (lo cual, de alguna manera aquilata la improbabilidad de la atribución del Alexandre a Berceo). Además, los temas hagiográficos que trata tienen un marcado carácter local: la vida de San Millán, patrón de su monasterio, o la de Santo Domingo de Silos que había sido prior de San Millán, o la de Santa Oria, eremita del siglo xi emparedada en el monasterio hasta su muerte. Sabemos que ostentaba el título de “maestro” que obtuvo sin duda en la universidad de Palencia, allá por los aĖos 1222 y 1227 según Brian Dutton, donde también aprendería esa “maestría nueva”, las técnicas de la cuaderna vía, de que habla el autor del Apolonio y que serían la única forma de escritura poética del poeta riojano a lo largo de su vida. Nos ha dejado diez obras que podemos dividir en tres grupos:

 

1)        Hagiografía: se trata de 3 vitae de santos locales: Vida de San Millán de la Cogolla (h. 1230), Vida de Santo Domingo de Silos (h. 1236), Poema de Santa Oria (1252-1257) y un relato de martirio inacabado : Martirio de San Lorenzo (h. 1264), que acaso sea su última obra;

2)        Mariología: la obra más importante es sin duda la que corresponde al género, tan difundido al final de la edad media en Europa, de los miracula de la Virgen María, intercesora entre Dios y los hombres. Se trata de los Milagros de Nuestra SeĖora (redacción entre 1235 y 1252) considerada como la obra más famosa de este poeta. Otros temas marianos aparecen en dos poemas de este apartado: El duelo que fizo la Virgen y los que han venido en llamarse indebidamente Loores de la Virgen;

3)        Temas religiosos diversos: en este apartado tenemos los Himnos (traducción en cuaderna vía de 3 himnos sagrados), y dos poemas doctrinales: El sacrificio de la misa y Los signos que aparecerán antes del juicio.

 

Poema de Fernán González:

                        Se trata nuevamente de una obra anónima. Sin embargo algunos indicios nos permiten suponer que se trata de un clérigo secular, como Berceo, vinculado, en este caso, al monasterio de San Pedro de Arlanza. Al igual que Berceo, este autor frecuentaría los bancos del estudio palentino donde aprendería la técnica de las “síllavas cuntadas” y donde, seguramente, descubriría los modelos de esta poesía nueva, el Alexandre y el Apolonio de los que el Poema arroja varias huellas textuales claras. Es pues una obra posterior, seguramente de hacia 1250, que ha llegado hasta nosotros de manera bastante corrompida, en un manuscrito único, en bastante mal estado, lleno de tachaduras, copia del siglo 15 muy poco fiel pues el copista no dudó en modificar el texto, modernizándolo hasta pervertir la métrica, el estilo y la lengua del “mester de clerecía” (Uría, 2000:316). Además, desgraciadamente, el texto no está completo pues se detiene abruptamente y los editores modernos han tenido que recurrir a las crónicas para completar las lagunas. La relación de esta obra con la historiografía es muy importante ya que el poema es adaptación en castellano de fragmentos de crónicas latinas, concretamente el Epitoma Imperatorum, la Historia Turpini, el Chronicon mundi y el De rebus hispaniae. Con este material historiográfico, el autor va a poetizar los orígenes de Castilla como estado independiente, a partir de la figura legendaria del conde Fernán González, primer conde independiente del reino de León. La obra consta de tres partes o secciones temáticas:

1)        coplas 1-170: orígenes de Castilla. Es una especie de introducción muy basada en los textos historiográficos que repasa los principales acontecimientos de la historia de EspaĖa desde la época visigoda y hasta Fernán González y tiene como objetivo despertar el mito goticista, fundamento de las aspiraciones hegemónicas de los castellanos. Si los castellanos son los verdaderos herederos de los visigodos tienen entonces legitimidad sobre leoneses y navarros para gobernar sobre el conjunto de la península;

2)        coplas 171-573: el héroe Fernán González y la Reconquista. La narración se centra sobre los éxitos militares de los castellanos frente a los musulmanes de Almanzor pero también frente a Navarra y León;

3)        coplas 574…: la independencia de Castilla. Es la parte tal vez más marcadamente novelesca con episodios como las aventuras entre la condesa doĖa Sancha y Fernán González, las bodas de ambos y sobre todo, el célebre episodio de la venta del caballo y el azor al rey de León que será la explicación legendaria de la independencia de Castilla al no poder pagarlos aquél a Fernán González.

 

Epígonos de la cuaderna vía

                        Reunimos en este apartado las manifestaciones tardías de la cuaderna vía, es decir el uso de la copla cuaderna “libre” en los autores del siglo 14 y principios del 15. Por lo visto son muchas las obras perdidas. De entre las conservadas podemos destacar las siguientes:

 

            Libro de miseria de omne: de la primera mitad del siglo 14 (lengua bastante arcaica). Emplea versos de 16 sílabas (octosílabo doble). El autor romancea el De contemptu mundi (menosprecio del mundo) del papa Inocencio III (finales del siglo 12) y echa de ver un profundo pesimismo no exento de crítica social.

            Libro de Buen amor de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita: de hacia 1335-1340. Se trata de una de las obras maestras de la literatura medieval castellana. Es una obra densa y compleja, a menudo paródica, que mezcla géneros y formas poéticas y discursivas, lo sagrado y lo profano, las veras y las burlas. El romanceamiento clerical parte de la comedia elegíaca del siglo 12, Pamphilus de amore. El núcleo central de la obra lo ocupa el relato de las aventuras y desventuras amorosas del “yo” poético quien contará con la ayuda de una vieja alcahueta llamada Trotaconventos. Pero a este hilo narrativo se van enganchando diferentes historias, concretamente gran número de apólogos y fábulas. Si a esto le aĖadimos la poesía religiosa (gozos, loores, ave María…) y las diferentes cantigas, como las de Serrana –equivalencia castellana de las pastourelles francesas– nos las habemos con una obra muy original y difícil de clasificar.

            Proverbios de Salamón: obra anónima en versos bastante irregulares de cuaderna vía, sin duda de la misma época que el Libro de buen amor o algo posterior. La base textual que romancea es el libro de la biblia El Eclesiastés del rey Salomón.

            Rimado de Palacio del Canciller Pero López de Ayala: sin duda una de las figuras más relevantes de las letras castellanas de la segunda mitad del siglo 14. Dotado de una cultura sólida basada en una formación tanto moral como literaria, acaso haya que considerarlo como uno de los primeros humanistas castellanos laicos. Su Rimado de palacio es una obra heterogénea de madurez que acabó en los últimos aĖos de su vida, al iniciarse el siglo 15, pero que incluye poemas suyos de diferentes épocas y temas y no tiene sino una “unidad retrospectiva” (Deyermond). Es pues el último gran poema de la cuaderna vía compuesto sorprendentemente en una época en la que ya no se practicaba este tipo de poesía pues ya estaba en pleon auge la poesía castellana del final de la edad media, la llamada “poesía de cancionero” que disponía de un verso para la lírica (el octosílabo o verso “de arte menor”) y de otro para la poesía grave (el verso “de arte mayor”). El Rimado romancea los Moralia de San Gregorio Magno. Se trata de un poema ciertamente polifacético, pero eminentemente satírico y moral del que hay que destacar la amarga pintura de la corrupción de la sociedad en la que le tocó vivir al Canciller Ayala.

 



[1]. Del Libro de Alexandre, antes citado, le viene precisamente el nombre de “alejandrino” al verso de 14 sílabas. También se le llamaba alexandrin en Francia al verso del Roman de Alexandre (versos de 6+6). Ambos son adaptaciones del Alexandreis de Gautier de ChČtillon.