Université Montpellier 3

Cours de Carlos Heusch

L3: Civilisation médiévale

 

 

ALFONSO X (1252-1284),

“el Sabio”

 

 

Antes de ser coronado:

Conquista de Murcia como Infante por haber muerto Alvar Pérez se lo encomendó FIII. Unos embajadores de Ben Hudiel (hijo de Ben Hud) propusieron la entrega del reino en Toledo y Alfonso aceptó sin dilación y partió hacia Murcia. Fue recibido en Murcia y tomó posesión del alcázar, ciudad y todo el reino con sus rentas salvo algunas que se reservaban los Huditas. Negativa de los seĖores de Lorca, Cartagena y Mula. Razones del pacto de Ben Hudiel : príncipe apocado que se sentía incapaz de hacer frente a su vecino granadino y prefirió perder la soberanía de su reino en 1241 para seguir teniendo las utilidades.

1244 : 3er viaje de Alfonso a Murcia esta vez con un poderoso ejército con caballeros de las órdenes de Santiago, Alcántara y Temple. Finalidad: ocupar las ciudades insurrectas. => roces con Jaime I que obligaron a un nuevo pacto de delimitación del territorio entre ambos (tratado de Almizra de 1244). Nuevos roces en 1248 a raíz de la ocupación de Játiva supuestamente por la falta de dote de Jaime I a Violante, casada con Alfonso.

 

EL REINADO DE ALFONSO X

 

Ir a capítulo “La obra de Alfonso X”

 

Se inicia el 30 de mayo de 1252, se corona a sí mismo en Sevilla y es luego armado caballero.

Confirmación de los tratados con Granada. AcuĖación controvertida de moneda (las piezas burgalesas que se desacreditaron provocando el alza de los precios) y ruptura con Portugal.  Construcción de las atarazanas de Sevilla para llevar a cabo una guerra marítima contra África (final en 1252).

Preparaba guerra contra Portugal a raíz de la negativa de entrega portuguesa de las plazas del Algarve (sobre las cuales, Alfonso consideraba que tenía derechos) pero con la mediación del papa Inocencio las hostilidades quedaron pronto resueltas en enero de 1253.

Navarra : frente a las pretensiones de Alfonso en Navarra el rey Teobaldo II acabo aceptando declararse vasallo del rey de Castilla : debía acudir a las cortes de Castilla y servir en la guerra al rey castellano con 200 caballeros.

También tenia pretensiones en GascuĖa.

Crisis entre AlfonsoX y Jaime I del 54 al 56 a causa de Murcia. Algunos nobles castellanos instalados en Murcia se pasaron a Aragón. Firmaron una concordia en Soria en 56.

Mientras tanto Alfonso proseguía la castellanización de zonas de Andalucía como alrededor de Sevilla y Jerez (sublevada), Niebla (que se resistió 9 meses y cayó en febrero del 62). + conspiraciones de muchos mudéjares promovidas por el rey de Granada por ejemplo en Sevilla. Tuvo que volver a conquistar Cadiz que se había perdido. Ante todas esas insurrecciones necesitaba Alfonso más caballeros y los obtuvo dispensando a los labradores del pago de la fonsadera y la martiniega a condición de servirle en la guerra a caballo tres meses cada aĖo.

La paz en los territorios conquistados supuso poder volver a lo de Murcia, en particular Cartagena asediada por mar (almirante Rui López de Mendoza) y por tierra por las mesnadas concejiles de Cuenca y otras ciudades. Cartagena se rindió 63: en campaĖa recobró a Jerez con artillería y otras ciudades como Medina Sidonia y expulsó a mudéjares como castigo (Lebrija y Arcos). También promovió desórdenes políticos en el reino de Granada para desestabilizar. Llegó a entrar en tierras granadinas pero fue derrotado por el rey de Granada en 1264. Mientras tanto, Jaime se ocupaba de Murcia tras habérselo pedido Alfonso y tuvo total éxito : todo quedó pacificado en 1266. Tras la entrevista de Alcaraz Jaime devolvió solemnemente el reino de Murcia a su yerno.

El rey de Granada se comprometió a pagar un fuerte tributo de 250 000 maravedíes al aĖo y le prometía toda su ayuda contra los rebeldes murcianos. Podemos pues afirmar que Alfonso da por acabada su política de reconquista por esos aĖos (1264-1266), satisfecho del importante tributo obtenido a pesar de la derrota del 64, dejando para otro momento la eventual conquista del pequeĖo reino de Granada. Esa decisión le permitió concentrarse en el otro aspecto de su política que concentró todos sus esfuerzos : la obtención del Imperio.

 

El fecho del Imperio

Ésta fue la mayor preocupación de Alfonso. El fundamento era la ascendencia de su madre, Beatriz de Suabia, hija de Felipe, duque de Suabia, reconocido como emperador. Al morir Guillermo de Holanda (enero 56) se eligieron dos nuevos emperadores, en 1257: Ricardo de Cornualles y Alfonso. El papa prefería a aquél. Su muerte supuso el triunfo del papado pues en vez de decantarse por el otro candidato (Alfonso), elige al conde Rodolfo de Habsburgo en 1273. La infructuosas negociaciones con el papa concluyen  en 1275 tras las cuales Alfonso acepta dejar sus pretensiones a cambio de la percepción de las décimas concedidas por el papa, necesarias par continuar la guerra contra los benimerines tras las noticias de la invasión de su reino por éstos.

 

Problemas con la nobleza y conflicto sucesorio

 

Sublevación nobiliaria :

La política de Alfonso era muy costosa (erario publico muy pobre) => necesidad de una política fiscal nueva que volvió a Alfonso muy impopular entre la gente llana.

Nobleza: otros motivos relacionados con las pretensiones absolutistas de Alfonso basadas en las nuevas ideas políticas salidas de las universidades. Hay una primera sublevación de ricos hombres en 1269 en Sevilla a raíz de la venida del infante don Dionis de Portugal, tras la cual Alfonso X libró a Portugal del vasallaje que debía a Castilla => oposición de los grandes nobles (NuĖo González de Lara, Infante Felipe –hermano de Alfonso–, Lope Díaz de Haro seĖor de Vizcaya...). La conjura fue capitaneada por don Felipe. Se buscó incluso el apoyo del rey de Granada proponiendo la venida del rey de Marruecos, Ben Yucef (1270). Alfonso, entonces en Murcia, pidió ayuda a Jaime quien le aconsejó pactase con el rey de Granada pero ya habían desembarcado los benimerines en Andalucía. Lo utilizó Alfonso como argumento nacionalista para reunir a todos los nobles. Se intentó negociar en Burgos (quejas económicas de los ricos hombres). Fracaso : muchos nobles decidieron desnaturalizarse de Alfonso. Iban a ser mediadores su hijo Fernando de la Cerda y su hermano Manuel (padre de Juan Manuel). Los rebeldes pasaron a Granada con el infante don Felipe. Dicha presencia no sirvió sino para alimentar los conflictos sucesorios que conocía a la sazón el reino de Granada.

En 1273 Alfonso hizo promesas de reducciones fiscales a los nobles con lo que se atrajo a muchos ricos hombres y caballeros. Pero no los rebeldes.

 

 

Invasión de los benimerines:

El Rey de Granada dio los puertos de Tarifa y Algeciras al rey de Fez a cambio de ayuda contra el rey de Castilla. Desembarcó con un poderoso ejército en Algeciras mientras Alfonso estaba en Francia para sus asuntos imperiales. El adelantado de la frontera NuĖo González de Lara no pudo contenerlos y fue vencido en 1275.

 

Problema sucesorio a partir de 1275 :

El Infante don Fernando (de la Cerda), al mando del reino, por la ausencia de su padre, convocó la hueste y salió para la frontera. Pero enfermó en camino, en Ciudad Real y murió en agosto de 1275. Tomó entonces el mando el infante Sancho con energía y eficacia y consiguió controlar la situación.

Alfonso regresó de Francia en agosto de 1276, perdido el Imperio, y se enteró de que Sancho había salvado el reino. Pero se planteaba el problema de su sucesión. Fernando de la Cerda había reclamado antes de morir la aplicación del “sistema de primogenitura y representación”  que aparece en las Partidas. De ahí la confederación de Sancho con otros poderosos seĖores como Diego López de Haro seĖor de Vizcaya. Sancho se autoproclamó heredero.

1277. A pesar de todo, Alfonso aceptó a Sancho como heredero, tras ser aconsejado por sus allegados. Al mismo tiempo, mandó prender y condenó a su hermano Fadrique (ahogado) y a Simón Ruiz seĖor de los Cameros (quemado) tras la posible acusación (no se sabe certeramente) de conspiración contra Alfonso y de haber aconsejado mal a Violante (reina) quien se acababa de fugar a Aragón con los infantes de la Cerda (El rey Pedro III supo utilizar políticamente a esos infantes no ya para defenderlos sino como arma política). Esta justicia expeditiva y cruel de Alfonso ejercida además sobre uno de los Infantes de Castilla fue muy mal recibida por la alta nobleza. Se comenta que fue una de las razones de la sublevación definitiva de Sancho contra su (cf. Aguado, Manual, 680).

 

Mientras, Ben Yucef rey de Fez consiguió mantener posiciones en el estrecho que obligaron a las treguas de 1278.

El rey de Francia, Felipe III (Philippe III le Hardi) amenaza a Alfonso pues defendía el partido de la Cerda (su hermana Blanca era la viuda de Fernando de la Cerda) exigiendo de Alfonso la revocación de la sucesión a favor de Sancho. Éste último buscó apoyo en Aragón y Portugal. Francia propuso que Alfonso de la Cerda fuese declarado rey de Jaén lo que provocó una violenta reacción de Sancho, a la par que se entrevistaban el rey de Castilla y el de Aragón en El Campillo (marzo de 1281) : Alfonso y Pedro III se propusieron quedarse con Navarra.

 

1281-1284 : la caída de Alfonso.

Negativa de Sancho a la propuesta de hacer de Alfonso de la Cerda rey de Jaén. Los procuradores en Cortes estaban de acuerdo con Sancho a causa de lo de la alteración de la moneda. Otros infantes se unieron a Sancho. A pesar del tratado de Campillo, el rey de Aragón se unió a Sancho y lo mismo don Dionis de Portugal.

Con estas alianzas Sancho convocó Cortes en Valladolid en que Sancho llamó a todos los expatriados de los acontecimientos que concluyeron con la muerte de don Fadrique. En esas cortes se dio (con la mediación del infante Manuel) justicia y gobierno a Sancho, así como rentas y fortalezas pero no el título de rey, mientras viviese Alfonso (septiembre de 1282). Alfonso contestó desde Sevilla desheredando y maldiciendo a Sancho y pidiendo al papa que fulminase a quienes siguiesen a Sancho. Llegó incluso a enviar su corona al rey de Fez en prenda de la ayuda que de él solicitaba y del préstamo económico que le pedía (60 000 doblas de oro).

Sancho se aseguró el apoyo de las grandes casas con la boda con María Alfonso de Meneses (alias María de Molina) y con la boda de su hermana con el seĖor de Vizcaya.

Afectuosa entrevista entre Alfonso y el rey de Fez en Zahara. Corrieron tierras juntos. En Córdoba estaba Sancho quien se negó a dar la ciudad a su padre. El rey de Fez corrió las tierras llevándose ganado vacuno para mejorar la ganadería de Marruecos.

Y Alfonso se fue a Sevilla que fue la única ciudad que le fiel hasta su muerte.

Algunos volvieron al partido de Alfonso tras la algo “brava” política de Sancho. Incluso éste buscó la avenencia con su padre. Pero Sancho enfermó y no se pudieron ver. Murió Alfonso en Sevilla en abril de 1284.

 

Ir a la clase sobre Sancho IV

Volver al principio

 

LA OBRA DE ALFONSO X

 

Obra política

A pesar de las dificultadas encontradas por Alfonso para reinar, agudizadas por su obsesión con el « fecho del imperio » que lo llevó a ausentarse a menudo del reino, la figura regia de Alfonso X es fundamental porque sienta las bases de una monarquía de tipo moderno. Así pues, la Historia ha retenido tal vez más la obra de este monarca, en sus múltiples planos, que sus « fechos » propiamente dichos.

Su obra toda está basada en un concepto nuevo de la monarquía en gran parte condicionado por las ideas políticas nuevas de las universidades, en particular las desarrolladas por los filósofos y teólogos a partir del examen de la teoría política de Aristóteles : cf. santo Tomás, Egidio Romano…

A partir de ahí Alfonso construyó una teoría de la monarquía y del estado basada en el concepto de « dependencia natural » que pretendía acabar con el modelo feudal basado en la dependencia personal y vasallática.

Es pues el primero en sentar las bases en Castilla de lo que será un poder real absoluto, según un modelo descendiente, es decir según el modelo teocrático : el rey es el representante de Dios en la tierra. La aplicación de ese modelo como ya vimos implica nuevas relaciones políticas con la nobleza que no fueron aceptadas fácilmente por los nobles quienes no se resignaban a ser considerados como meros « súbditos » del rey. Los fundamentos de esta teoría nueva de la monarquía se encuentran en las Partidas que servirán, más tarde, de fundamento del régimen monárquico espaĖol.

 

Obra económica y monetaria

La gran novedad es que por vez primera un rey se ocupa de estos aspectos. Vimos que la cuestión monetaria fue capital en sus relaciones con determinados sectores de la sociedad (en particular las ciudades : comerciantes…) ya que si bien conservó una buena moneda de oro (la dobla) no pudo evitar una devaluación constante de las monedas de plata (a pesar de que se tratase de una buena moneda desde el punto de vista de su valor real), en parte relacionada con el problema de la reunión política entre Castilla y León. La creación del « dinero alfonsí » en 1264 no solucionó nada, al contrario : hizo que se devaluaran todas las monedas provocando tal alza de precios y de salarios que fue necesario convocar Cortes en 1268 para resolver el problema (medidas dirigistas : nuevos productos tasados, fin de la libre circulación de moneda y algunas mercancías…).

Pero tal vez lo más importante de la obra económica alfonsí se halla en la modernización de la fiscalidad. A los antiguos impuestos (regalías, quinto real, los pechos, cuya percepción se compartía con los municipios) vinieron a aĖadirse los llamados « servicios », unos impuestos extraordinarios (generalmente en tiempo de guerra contra musulmanes) que debían ser votados por las cortes y aportaban grandes sumas aunque de manera extraordinaria. A éstos hay que aĖadir los nuevos impuestos pedidos a la Iglesia como las « tercias reales » (2/9 de los diezmos) y la décima (sobre el conjunto de los impuestos eclesiásticos pero que necesitaba del beneplácito pontificio), así como las limosnas para la cruzada cuando se publicaba una bula.

 

La obra jurídica :

Alfonso tenía la pretensión de integrar al derecho castellano el llamado « mos italicum », el derecho romano que era la gran novedad lanzada concretamente en Europa por los juristas de la universidad de Bolonia. Pero era consciente de que ello no podía hacerse sin una política de compromiso con la costumbre castellana, la de los fueros. Empezó por tanto por una conservación de los fueros pero realizando un completo trabajo de unificación, de sistematización : es el Fuero Real, compilación del derecho consuetudinario castellano pero que pudo ser concedido a todos los municipios que desearon tener un fuero propio (ej. el llamado « Fuero de Burgos » de 1256).

Pero la obra magna de inspiración claramente romana la constituyen las Siete Partidas que tienen la pretensión de ser un código completo capaz de abarcar todos los aspectos de la vida publica (derecho civil) y privada (derecho privado), es decir todas las cuestiones políticas, sociales y personales. Lo vertebra evidentemente la noción de « naturaleza » bajo la cual se rige todo el sistema político (el rey y sus súbditos) y social (cada estamento y sus funciones en el reino). Es una obra claramente enciclopédica, que reúne todo el saber jurídico del momento y que alcanza de lo más general a lo más particular (como las leyes de sucesión, la justicia particular de los “hijosdalgo”, y hasta cuestiones verdaderamente particulares como las prácticas mágicas y las supersticiones).

Pero esta obra jurídica monumental no tuvo la menor aplicación en tiempos de Alfonso : Entre otras cosas, los motivos fueron porque la ideología regia de dicha obra era incompatible con los intereses de la nobleza del momento que apoyaban además las pretensiones de Sancho. Estaba además el problema del derecho sucesorio : aplicar las Partidas legitimaba las pretensiones del bando de la Cerda. Por lo tanto quedó en letra muerta y hay que esperar al Ordenamiento de Alcalá de 1348, promulgado por Alfonso XI, para que se pueda recurrir a las Partidas como derecho sustitutivo, y a los primeros decenios del siglo XV para que se convierta plenamente en el código jurídico de Castilla.

 

 

Obra cultural :

                  El vasto proyecto político alfonsí tiene ramificaciones en todos los aspectos. De ahí que por primera vez se considere necesario crear lo que podríamos llamar con algo de anacronismo una « cultura de estado » completamente controlada por la institución monárquica. Eso implicó que fuera igualmente necesario crear o al menos desarrollar una infraestructura encaminada a semejante proyecto cultural. Fue así como Alfonso X y ya antes sus directos predecesores, Alfonso VIII y Fernando III, tuvieron por bien promover tanto las fundaciones como el desarrollo universitarios y escolares. Así surgió la primera universidad de Castilla, la de Palencia, fundada hacia 1210-1212. Tras esa fundación el reino de León no quiso ser menos y en 1218, Alfonso IX de León funda la universidad de Salamanca, cuyos privilegios serán confirmados por Fernando III en 1242 y por Alfonso X en 1252. Por aquel entonces, el estudio salmantino se había convertido ya en el primer centro intelectual del nuevo estado castellano-leonés, desbancando por completo al de Palencia, cuyos días iban a quedar contados. En el studium salmantino se apoyará Alfonso X para formar las elites intelectuales tanto eclesiásticas como laicas que no sólo entrarán al servicio del incipiente aparato de estado (cf. la « cancillería real »), creando una nueva forma de « funcionariado » letrado cuyo acercamiento a la persona del rey no irá sino creciendo hasta tiempos de los Reyes Católicos, sino que pasarán a ser la « mano de obra » esencial de su empresa cultural, aquellos que formarán los llamados « talleres » o escritorios alfonsíes, compuestos de tres grupos de personas (para las obras más complejas, como las jurídicas o historiográficas) : trasladadores ; ayuntadores (redactores) y capituladores (establecen las divisiones y estructuran la obra en partes y capítulos). Pero ņpara qué necesitaba Alfonso X un grupo de universitarios dispuestos a trabajar para él ?

                  El proyecto político de Alfonso X es tan totalizador que considera que algunas de las ciencias que componen la Enciclopedia medieval tienen un fundamental papel político y como tal han de ser consideradas como « ciencias reales », es decir ciencias que se hallan bajo el control no sólo directo sino también exclusivo de la corona. De alguna manera, el denominador común de todas esas ciencias es la relación del saber al « tiempo », a los « tiempos », tanto los tiempos que han de venir como los que ya fueron, con la idea de que en el control de los saberes sobre el porvenir y sobre el pasado se halla la clave del control sobre el presente.

De ahí que todas las ciencias con alguna relación con la predicción deban estar controladas por el rey, como por ejemplo la Astronomía o la Matemática o incluso los seudo saberes sobre los poderes de algunos objetos, concretamente las piedras o talismanes (cf. Lapidario). Pero de ahí también que se establezca una frontera (a veces no demasiado clara desde el punto de vista de contenidos pero sí de prácticas) entre una práctica « libre » o privada de esas ciencias que será legalmente considerada como « superstición » y por lo tanto prohibida (cf. las leyes de las Partidas sobre el « catar estornudos y otras agorerías ») y el estudio en los talleres reales de esos saberes.

Pero ese estudio estaba esencialmente basado en la romanización, o mejor dicho castellanización, mediante traducciones y adaptaciones, de unos saberes que habían llegado a la península merced a la presencia árabe. Fue en este sentido, con fines más políticos que meramente científicos, como Alfonso supo retomar la herencia de la tradición traductora ibérica de la centuria anterior, es decir las famosas « escuelas de traductores » impulsadas presuntamente por el arzobispo Raimundo (1125-1151).

Recordemos que en 1085, cuando es tomada por Alfonso VI, la ciudad de Toledo es uno de los mayores centros culturales del medioevo. Los soberanos andalusíes habían favorecido la inmigración hasta sus reinos de las más destacadas figuras de las ciencias y las artes de todas las tierras islámicas, donde — en parte gracias a esa tierra de aluvión que eran Oriente medio y Egipto — se había podido recoger buena parte del legado cultural helénico. A la presencia humana hay que sumar la documental, puesto que hasta al-Andalús llegaban valiosísimos libros de ciencia, sabiduría y aprendizaje. A este acervo cultural islámico (que aunaba tanto la tradición oriental lejana —Persa e India— como la occidental —helénica—) hay que aĖadir la aportación de la cultura hebrea, tan importante y dinámica en Toledo, la Sefarad de los judíos. La necesidad de cristianización de estos territorios andalusíes que iban siendo conquistados supuso la llegada de destacados miembros de la orden cluniacense. Estos monjes francos quedaron sorprendidos por la magnitud de la cultura semítica en centros como Toledo y juzgaron oportuno poder llevar hasta las incipientes escuelas europeas toda esa ciencia. Pero era preciso antes verter todos esos textos del árabe y del hebreo al latín. Surgieron entonces toda una serie de escuelas de traductores de las que la principal fue la de Toledo, dirigida por el arzobispo Raimundo de la orden de Cluny. Se ha conjeturado mucho sobre los métodos de trabajo de estos traductores, como por ejemplo la idea de una doble traducción primero oral y luego escrita (oralmente del original a una especie de « romance » primitivo y por escrito de ese romance al latín), presuntamente por faltar traductores directos de árabe y hebreo al latín. Tal vez en alguna ocasión se hayan podido producir casos semejantes, pero hoy día pensamos que fueron casos aislados pues entre los occidentales, sobre todo a partir de la segunda mitad del 12 y durante el 13 no faltaron conocedores occidentales de esas lenguas. Se tradujeron entonces las obras de la enciclopedia aristotélica (medicina y ciencias naturales, matemáticas, astronomía y luego lógica y filosofía) a través de sus comentadores árabes como Avicena (ibn Sinna), Avicebrón (ibn Gabirol), Alfarabí, Algazel y, sobre todo, Averroes cuyo aristotelismo radical o heterodoxo iba a revolucionar la universidad parisina en el siglo XIII hasta llegar a quedar prohibida su lectura en 1277. Y es que del trabajo de estas escuelas de traductores que en gran parte estaban dirigidas por intelectuales ajenos a los reinos cristianos peninsulares (eran esencialmente franceses, italianos e ingleses), poca cosa quedó en el siglo XIII cuando ya se habían llevado a cabo las principales traducciones de que estaban necesitados los escolares europeos. El fruto de ese trabajo fue conducido directamente a las universidades europeas gracias a lo cual se gestó esa inmensa revolución cultural a la que llamamos escolástica y que se debe en gran medida al re-constitución de la casi totalidad del corpus aristotélico y su exégesis.

Así fue como Alfonso X pudo dar un nuevo impulso a las tareas de traducción, fomentando nuevas traducciones, más en acorde con sus ámbitos intelectuales de predilección (aquellos con implicaciones políticas) que no coincidían necesariamente con las ciencias especulativas de los escolásticos europeos, creando lo que se ha venido a llamar la « segunda » escuela de Toledo que se vio aumentada por el aporte cultural de otros centros nuevamente integrados a la Corona y a los que Alfonso se veía muy vinculado, como Murcia y Sevilla. La gran particularidad de esta nueva etapa de traducciones es que, deseoso de fundar una cultura nueva « de estado », es decir realizada « por » y « para » un estado determinado, Alfonso favoreció la traducción al romance castellano, convertido en lengua de estado y de cultura, y no ya al latín como se había hecho anteriormente, impidiendo de facto que esa cultura pudiera exportarse (puesto que el latín era la única lengua internacional). Fruto de este deseo, tan marcado ideológicamente, lo constituyen todos estos tratados científicos en castellano, de matemática, física, astronomía, etc. que han dado las famosas Tablas alfonsíes o el Libro conplido en los judizios de las estrellas o el Libro del saber de astrología o el Libro de las figuras de las estrellas fijas. Cronológicamente, esta labor de traducción es la primera actividad literaria alfonsí que se desarrolla esencialmente entre los aĖos 1250 y 1269 y que se extiende a otros campos como el de la literatura didáctica y sapiencial. Recordemos que incluso antes de ser rey Alfonso manda traducir al castellano el Calila e Dimna.

 

Historiografía :

Es sin embargo con relación al pasado el ámbito en el que el conato alfonsí de controlar los tiempos se hace más patente. Qué duda cabe que uno de los aspectos más importantes de la obra cultural alfonsí es la de estructurar definitivamente una escritura historiográfica regia en la lengua del reino. Hasta entonces la historiografía parecía más bien ser el hecho de la clerecía y de la lengua latina (piénsese en el Chronicon mundi de Lucas de Tuy, el Tudense, de 1236 o el De rebus hispaniae de Rodrigo Jiménez de Rada el Toledano a quien Fernando III encomendó la redacción de una crónica más nacional aunque todavía en latín). Con Alfonso X es regio no sólo el encargo de tales obras sino además el control de la escritura misma : « el rey faze un libro », leemos en la General Estoria.

Primera Crónica General (título dado por Menéndez Pidal) de EspaĖa o mejor dicho Estoria de EspaĖa : es la primera manifestación de la intención de constituir una historia puramente nacional para justificar la constitución de un estado tanto en su marco geopolítico como histórico. Se empezaría la EE hacia 1270 y se redactaría la primera parte hasta 1275-1280 (invasión árabe de EspaĖa). La segunda parte (hasta Fernando III) se escribiría con toda probabilidad con posterioridad al reinado de Alfonso y posiblemente durante el reinado de Alfonso XI, en pleno siglo XIV.

General Estoria : pertenece a la tradición de la historia universal. Inicio hacia 1272-1274, lo cual supuso la progresiva interrupción de la redacción de la EE, una interrupción favorecida además por las desilusiones políticas y personales de Alfonso (muerte del primogénito, fracaso en el fecho del imperio, revuelta de Sancho…) lo cual orientaría los quehaceres del soberano más hacia la historia universal. Obra voluminosísima que aún hoy no ha sido editada íntegramente. Se trata de inscribir a Castilla en el orden general del universo. Siguiendo a los Cánones de Eusebio de Cesárea divide la historia universal en 6 tiempos o edades (1. de la Creación a Moisés ; 2. de Josué a David ; 3. de Salmos a Ezequiel ; 4. Imperios antiguos ; 5. Historia de Roma hasta Cristo (parte inacabada) ; 6. solo fragmentos : “fechos” de nuestra era.

 

 

 

 

SANCHO IV (1284-1295),

“el Bravo”

 

                  Como ya vimos, hay 2 etapas en el reinado de Sancho. El reinado de hecho empieza en 1282, cuando Sancho, aún infante obtiene de las Cortes todos los poderes excepto el título de Rey de Castilla y León. Como “gobernador general del reino”, Sancho va a gobernar de hecho hasta la muerte de su padre, 2 aĖos después en Sevilla. El coronamiento de derecho de Sancho, en 1284, supuso un cambio en su comportamiento político. Si bien éste había llegado al poder gracias a una especie de consenso civil que había sido lo suficientemente fuerte como para perpetrar el derrocamiento de hecho del rey de Castilla, por esa misma razón, sabía el monarca cuán frágil resultaba su situación política en vida de su padre: en cualquier momento aquellos que le habían dado el poder podían quitárselo y devolvérselo al rey legítimo, Alfonso X. De ahí que, como lo dice Gerbet, Sancho “promit tout ce que l’on voulut” y llevó adelante una política de compromiso con las fuerzas vivas del reino, esencialmente las villas (para las que creó la primera Hermandad general) y la nobleza. Esta actitud cambió con la muerte de Alfonso X: una vez asegurado su poder como soberano, no dudó en restablecer la autoridad regia en detrimento de los intereses de la nobleza, ayudado por los municipios y asistido, en los primeros aĖos del reino, por el que iba a ser el primer privado noble de la historia de Castilla, Lope Díaz de Haro. Dicha privanza finalizó en 1288 cuando surgieron discrepancias fundamentales entre Lope de Haro y el soberano sobre la nueva amistad política de Castilla con el reino de Aragón, reino hasta entonces opuesto a Sancho a raíz de su decisión de apoyar a los Infantes de la Cerda. Lo que empezó como discrepancia acabó en odio y Sancho no dudó en ajusticiar a Lope de Haro, con lo que iba a enemistarse con las poderosas casas nobiliarias de los Haro y los Lara que quedaron marginadas por Sancho, provocando así que en ocasiones los Haro y los Lara dieran su apoyo a los posibles enemigos del rey de Castilla, como el rey de Aragón o incluso el de Marruecos. La enemistad con esta importante facción de la nobleza castellana posiblemente llevó a Sancho a hacer las paces con sus sobrinos y hasta entonces enemigos, los infantes de la Cerda, nietos del rey de Francia, y presuntos herederos del trono de Castilla a tenor de lo estipulado por Alfonso X. Así pues, se firma en 1288 el tratado de Lyon por el que el rey de Francia, Felipe IV renuncia a sus derechos sobre Castilla. En contrapartida, Sancho creaba para los Infantes dos reinos independientes en el seno de Castilla: Murcia y Ciudad Real y daba la mano de su hija Beatriz al infante don Alfonso, el mayor de los dos hermanos y por lo tanto principal pretendiente a la corona de Castilla. La empresa diplomática y pacificadora de Sancho se orientó entonces hacia los otros reinos peninsulares: Sancho se giró primero hacia el nuevo rey de Aragón Jaime II (Alfonso III había muerto sin heredero en 1291), esperando del nuevo soberano un cambio en la política aragonesa con respecto a Castilla. Se firma así el Tratado de Monteagudo que es ante todo un acuerdo militar de defensa mutua (Castilla defendería a Aragón frente a un eventual ataque francés y a cambio Aragón participaría en la campaĖa contra los Benimerines, que habían vuelto a invadir la Península en 1285). A lo militar se sumó lo político con la promesa de matrimonio del rey Jaime II con la infanta Isabel, hija de Sancho. Por otro lado, Sancho se preocupó por consolidar la paz con Portugal en las Vistas de Ciudad Rodrigo (1292), cuando se pactó el matrimonio futuro del muy joven infante don Fernando (de 6 aĖos de edad), príncipe heredero de Castilla, con Constanza de Portugal. En el interior, la baza mayor de Sancho fue la búsqueda constante del apoyo de los concejos y ciudades a los que hizo concesiones notables. Se pudieron así incentivar los poderes y prerrogativas políticos, económicos y jurídicos de las ciudades frente al poder regio: recuperación de tierras de realengo; limitación de poderes de los oficiales reales en las ciudades; prohibición de nombrar arrendadores y recaudadores judíos; frecuencia mucho mayor de convocatoria de Cortes…

Política exterior: siguen las hostilidades con los musulmanes, iniciadas con la primera invasión de los Benimerines (o merinís) en tiempos de Alfonso X. Como ya vimos, la legendaria “bravura” de Sancho en al ámbito bélico fue uno de los elementos importantes que iban a asegurar su porvenir político. De igual modo durante su corto reinado hay que destacar algunas conquistas importantes frente a las tropas marroquíes que vuelven a cruzar el estrecho y se implantan en Tarifa en 1285. Su presencia iba a consolidarse con el apoyo del infante don Juan (hermano de Alfonso X que tuvo importantes conflictos políticos con su sobrino). Esta importante plaza estratégica no sería tomada por los castellanos hasta 1292. Además tuvo que ser heroicamente defendida por el caballero leonés Alonso Pérez de Guzmán que iba a recibir el nombre de Guzmán el Bueno a raíz de su acción caballerosa y patriótica. En 1294, el rey de Granada, los benimerines y el infante don Juan lanzan un asedio contra Tarifa, custodiada por el capitán Alonso Pérez de Guzmán, al que Sancho IV había nombrado alcalde de la fortaleza (que aún se conserva en la ciudad de Tarifa). El personaje histórico pasó a la leyenda por el hecho de que su hijo fue hecho preso por los sitiadores, los cuales propusieron a Guzmán el trueque de su hijo por la plaza. Y Guzmán no dudó un instante en sacrificar a su hijo para mantener la fortaleza encomendada por el rey (se le atribuyen las palabras siguientes cuando le plantearon semejante dilema: “no engendré yo hijo que fuese contra mi tierra”). Este sacrificio le valió el título histórico de “El bueno”, por el que se le conoce. A pesar de todos estos esfuerzos, Sancho no consiguió tomar ni Algeciras ni Gibraltar que siguieron en manos de los benimerines.

 

FERNANDO IV (1295-1312),

“el Emplazado”

 

           Regencia de María de Molina, su madre (tiene Fernando 10 aĖos al morir su padre) hasta 1301, graves conflictos con la nobleza levantisca y los infantes de la Cerda.

           Su voluntad de conquistar Granada, junto a Portugal y Aragón, se vio frustrada cuando un sector de la nobleza lo abandonó y sólo pudo hacerse con Gibraltar (1309

(pasamos directamente a la clase siguiente sobre Alfonso XI, pero invito a los alumnos a completar lo dicho en clase sobre Fernando IV leyendo los capítulos correspondientes de una Historia de EspaĖa)

 

 

 

ALFONSO XI (1312-1350),

“el Justiciero”

 

                  En algunos aspectos, la dinastía Trastámara que reina en Castilla de 1369 a 1516 y en los demás reinos peninsulares excepto Portugal (Aragón a partir de 1412 ; Navarra a partir de 1425) continúa la obra política e institucional de sus inmediatos predecesores. Sin embargo las particularidades de su ascensión al poder (gracias esencialmente al apoyo de determinada nobleza) van a tener como consecuencia un retroceso de la institución monárquica como órgano de poder con relación a los logros políticos conseguidos por Alfonso XI y Pedro I. Para entender todo ello es necesario volver sobre algunos puntos esenciales de los reinados de estos dos soberanos.

 

Tras su mayoría de edad, en 1325 (con solo 14 aĖos), la finalidad mayor de Alfonso XI, rey dinámico y emprendedor fue la de una pacificación del reino que pasaba necesariamente por el control político de la aristocracia, de la alta nobleza. Ese “tiempo que es turbio” que caracterizó la Castilla de los aĖos 1295 a 1325, permitió a raíz de las minorías de Fernando IV y Alfonso XI una factual toma de poder por parte de la alta nobleza a pesar de los intentos de María de Molina por mantener la autoridad real. Fueron momentos de grandes violencias nobiliarias no solo ejercidas sobre otros grupos sociales desarmados frente a los nobles (campesinos, religiosos…) sino también entre los mismos nobles según la tradicional ley del más fuerte. Este contexto debió de influir notablemente en las concepciones de un Juan Manuel para quien la violencia, el engaĖo, la satisfacción de los intereses egoístas parecen ser los pilares de un orden social y humano del que poca cosa se puede esperar : escepticismo y desengaĖo de un aristócrata que se vio él mismo envuelto en esas espirales de violencia y conflictos que a menudo contribuyó él mismo a fomentar. Así pues el reinado personal de Alfonso XI, a partir de 1325, coincide con la enérgica voluntad de sojuzgar políticamente a la nobleza y afirmar la autoridad absoluta del poder real.

Para llevar a cabo dicho proyecto Alfonso se sirve de todos los medios que halla a su alcance :

a)        una acción política autoritaria (en la que no faltaron arrestos y aun ejecuciones sumarias) ;

b)       una ideología “nacionalista” castellana motor de una unificación política y social en torno a la figura del rey y basada en la lucha contra el reino de Granada ;

c)        una obra cultural directamente encaminada a la satisfacción de sus finalidades políticas basada en la en la adopción generalizada del modelo cultural cortés y en la reforma jurídica.

 

a) El autoritarismo político de Alfonso XI se basa no solo en una gran firmeza a la hora de imponer sus voluntades (ya hemos mencionado los arrestos y una justicia un tanto expeditiva con los nobles levantiscos ; pensemos en la libertad con la que concibe sus relaciones con la alta nobleza, y ahí tenemos el ejemplo de sus relaciones con Juan Manuel : lo aparta de sí ; promete casar con su hija, se desentiende de su compromiso encerrando incluso a la hija de JM para casar con la infanta María de Portugal…). También se manifiesta en la elección del personal político. Alfonso XI será uno de los primeros monarcas castellanos en crear una neta separación entre la administración y la ejecución. Hasta entonces, existía una nobleza con una relación de dependencia personal con el monarca basada en nociones feudales o vasalláticas de lealtad y servicio ; esa nobleza tenía un doble cometido : servir y administrar los asuntos del rey y por otro lado ejecutar con su brazo armado las decisiones del rey. Alfonso XI renueva ese modelo encerrando a la nobleza en una función meramente ejecutoria, función ésta que conseguirá redorar a través del modelo cultural cortés (cultura caballeresca, etc., como ya veremos). Así los nobles serán considerados según el modelo caballeresco como los ‘defensores’ por excelencia del rey y del reino, ante todo sometidos a una serie de normas a un código ético –el de la caballería que deberán respetar para poder asimilar su función social y política a una dignidad. De hecho, ello supuso apartar a dicha nobleza de la administración del poder. En su lugar Alfonso XI prefirió contar con la competencia técnica de los profesionales de las letras y del derecho, los llamados “letrados”, procedentes de las clases medias y formados en las universidades. Así empezó la progresiva burocratización de las instituciones castellanas de poder que culminaría con los Reyes Católicos.

                  Por otro lado, el control del personal político por parte del monarca se hace igualmente patente en las ciudades con la imposición de unos “regidores” (magistrados urbanos nombrados directamente por el rey) que acabaron controlando todos los aspectos de la vida publica en los municipios, antes de transformarse en un caldo de cultivo del sistema clientelar y oligárquico (que como veremos implicó en tiempos de los Trastámaras, Enrique III, concretamente, la necesidad de recurrir a los “corregidores” para controlar a dicha función de regidor que había tendido a convertirse en prerrogativa clánica).

 

b) La continuación de la política de Reconquista amén de sus intereses políticos y económicos intrínsecos fue sin duda analizada por Alfonso XI como el medio de reunir militarmente a toda la nobleza en torno a la corona, dejando de lado las querellas internas, las insurrecciones y los diferentes conflictos sociales promovidos por la nobleza. Además permitía la plasmación de un ideal bélico, militar, el de la caballería y aun en este caso de la caballería cruzada en el que Alfonso XI pensaba plasmar los fundamentos de su ideología (no olvidemos que fue un rey caballero, armado por el brazo articulado de la talla de Santiago que hoy se conserva en el convento de las Huelgas de Burgos).

                  Así se explican las múltiples campaĖas militares de Alfonso XI que es unos de los aspectos más abundantemente tratados por la historiografía tanto en prosa como en verso dedicada a este soberano. Los logros de su predecesor fueron efímeros a la par que la presión de los marroquíes se hacía cada vez más fuerte. Los principales éxitos militares de Alfonso XI fueron: la batalla del Salado (1340) y la del Palomares (1343) lo cual permitió a los castellanos retomar el control de Algeciras (1344). Sin embargo su progresión se vio frenada a las puertas de Gibraltar al ser contagiado de peste de que murió (1350). Gibraltar seguiría entre las manos de los benimerines hasta 1374 cuando volvió a estar bajo control nazarí (reino de Granada). Los castellanos tomarían el peĖón en 1462.

 

c) el modelo cultural caballeresco : la literatura (Zifar, Amadís y otros…) como arma pedagógica ; la creación de la Orden de la Banda (1332) para distinguir a los mejores caballeros al servicio del rey, siguiendo el código ético-político de la caballería cortés.

La reforma jurídica : el Ordenamiento de Alcalá (1348) que supone la aplicación del ‘mos italicum’ tal y como aparece en las Partidas de Alfonso X. Su relación con la ideología política : la idea de dependencia natural opuesta a la de dependencia personal.

 

 

 

 

PEDRO I (1350-1369),

“el Cruel”

 

                  Los 19 aĖos de reinado de Pedro I estuvieron marcados por los incesantes conflictos con la nobleza, en gran parte motivados por las decisiones unilaterales del soberano. Los primeros aĖos de su reinado quedaron bajo la influencia de Juan Alfonso de Alburquerque (quien había sido ayo del rey a partir de 1338), lo cual levantó envidias y sospechas entre la aristocracia, concretamente entre los hermanastros del rey, los hijos de doĖa Leonor de Guzmán, la favorita del rey (que le había dado 10 hijos a Alfonso XI) que había sido apresada y asesinada por orden de la reina viuda, María de Portugal, en 1351. Esta muerte junto a la de Garcilaso de la Vega ordenada por Alburquerque desencadenaron un primer levantamiento de nobles contra el rey y su valido. Pedro los sometió a todos con vigor y a veces clemencia (como con su hermanastro Enrique que sería aĖos más tarde su verdugo) aunque no faltaron las víctimas de semejante insurrección.

En 1352, prometido ya a la princesa francesa Blanca de Borbón, Pedro se enamora de María de Padilla quien iba a ser su verdadero amor. Al llegar la futura reina a Valladolid en 1353 para el matrimonio, andaba ya María de Padilla embarazada del rey. Dos días después de la boda, Pedro abandonaba definitivamente a su esposa para reunirse con María de Padilla. Tras un nuevo intento de vida conyugal volvieron a separarse y nunca mas volvió a ver el rey a la reina ; ésta hubo de peregrinar de castillo en prisión en una vida llena de sinrazones y desazones hasta que un ballestero le puso fin por orden del rey con solo 25 aĖos (1361).

                  Esta forma de repudiación de hecho constituyó un caballeresco pretexto para que tanto municipios como caballeros nobles (concretamente los hermanos del rey que no perdían ocasión de querellarse con éste) se levantasen contra el rey exigiendo dejase a María de Padilla y sus familiares que habían granjeado cargos importantes, para volver con su mujer legítima. Los enfrentamientos duraron hasta 1356 cuando Pedro impuso militarmente la rendición de los conjurados, haciendo correr empero bastante sangre. Se reconcilió con Fadrique (uno de sus hermanastros) y otorgó a Enrique, conde de Trastámara, un salvoconducto para ir a Francia.

                  María de Padilla murió de muerte natural en 1361, curiosamente, el mismo aĖo que la reina Blanca. Pedro hizo todos los posibles para que fuera reconocida como primera esposa con quien había presuntamente casado de manera secreta con testigos. Las cortes la reconocieron por reina y aceptaron como legítimo heredero a su hijo Alfonso (muerto en 1362). Con lo cual se da el dato curioso de que María de Padilla fue considerada como reina solo después de su muerte.

                  La paz de 1356 quedó pronto disipada tras el estallido de la guerra entre Castilla y Aragón a raíz de ciertos incidentes navales en las costas mediterráneas. Enrique de Trastámara exiliado en Aragón se puso de lado de Pedro IV contra su hermano el rey de Castilla, junto a otros nobles castellanos en conflicto con el rey. Pedro impuso dos frentes, uno por Valencia y otro por Aragón. Los Aragoneses sufrían considerables pérdidas hasta que se firmó una tregua solicitada por el papa (1357) que se rompió ese mismo aĖo. Para ello el rey de Castilla busco la alianza con Inglaterra y el de Aragón una con Francia y el rey de Fez. Tras algunas victorias por ambas partes se alcanzó una tregua en 1361 según la cual se devolvían las plazas tomadas. Tuvo Enrique de Trastámara que huir a Francia.

                  La vuelta de Enrique, en 1362, supuso la reanudación de las hostilidades. Entró Pedro en diferentes villas aragonesas y consiguió llegar hasta Valencia (1363). Mientras el rey de Aragón concluía una tregua con el de Castilla pactaba en secreto con Enrique de Trastámara para obtener a cambio de su ayuda el reino de Murcia. En esta alianza secreta entraban asimismo el rey de Francia y el de Navarra. Se adelantó Pedro en una campaĖa contra el sur del levante (cerco de Valencia en 1363), pero conoció reveses y tuvo que retirarse. Se hizo oportuno para acabar con una guerra tan intermitente y poco decisiva el que Enrique pudiera contratar a las compaĖías francesas dirigidas por Bertrand Du Guesclin y peligrosamente desocupadas según el rey de Francia tras la paz de Brétigny. Estos mercenarios internacionales entraron por Aragón y proclamaron en 1366 a Enrique rey de Castilla. Pedro tuvo que retirarse en busca de apoyo : se lo negaron los portugueses y acudió hasta la Bayona « inglesa » en busca del apoyo del Príncipe Negro (hijo de Eduardo III de Inglaterra) que obtuvo. Todo parecía sonreír al nuevo rey proclamado, pues los diferentes lugares castellanos se le iban dando pero tuvo que sufrir un gran revés en la batalla de Nájera de 1367. Pero sabiendo que Pedro ya no iba a contar con el apoyo del Príncipe Negro y alentado por los refuerzos enviados por el rey de Francia, Enrique se decidió por una contraofensiva que lo condujo hasta las puertas de Toledo (1368). Cuando, meses después, Pedro se decidió a ir en acorro de la ciudad de Toledo hubo de sufrir el acoso de Enrique y de Du Guesclin. Tras refugiarse en el castillo de Montiel y escapar fue traicionado, llevado preso hasta la tienda de Du Guesclin donde tras un forcejeo fue acuchillado por su hermano Enrique.

 

 

 

 

ENRIQUE II (1369-1379),

“el de las Mercedes”

 

 

[casado con Juana Manuel, hija de Juan Manuel y Blanca NúĖez de la Cerda, desde 1350, cuando Enrique tenia solo 17 aĖos. Dicho enlace fue genial idea de Leonor de Guzmán. En 1357 consiguió Juana escapar a Aragón para reunirse con Enrique. Ahí nació en 1358 Juan, futuro Juan I.]

 

Durante los primero aĖos de su reinado Enrique tuvo que hacer frente a las consecuencias de largos aĖos de guerras incesantes, tanto en lo interior como en lo exterior. Se rozó el conflicto abierto con Pedro IV de Aragón en más de una ocasión a raíz de los territorios concedidos por Enrique a Du Guesclin y que por despecho decidieron hacerse vasallos del rey de Aragón. Por otro lado, el joven rey de Portugal Fernando I pretendiendo vengar la muerte de su pariente, el difunto rey Pedro, atacó Castilla y tomo zonas de Galicia, pretendiéndose además un heredero más legítimo de la corona Castellana por descender de los Manuel por vía materna (su madre era Constanza Manuel casada con el rey Pedro de Portugal), alentado asimismo por parte de la nobleza castellana que no quería reconocer al nuevo rey fratricida. Como se ve, Enrique tenía detractores tanto fuera como dentro. Intentó ganar a éstos a su causa con grandes promesas a las cuales se sumaron las recompensas prometidas a los que lo habían respaldado incluso antes de 1369, con lo que pronto fue conocido el rey Enrique como « el de las mercedes » concedidas tanto a partidarios como a adversarios con ánimo de pacificar el reino (fueron concedidas hasta a miembros de las compaĖías blancas de Du Guesclin y algunos hasta se asentaron en Castilla). Recobró por la fuerza las villas gallegas tomadas por Fernando I pero tuvo que detener la campaĖa sobre Portugal que había iniciado con la toma de Braga y Braganza, al enterarse de que Andalucía estaba siendo invadida por el rey de Granada. La situación se salvó gracias a una tregua de 8 aĖos (1370) entre los reyes de Castilla, Granada y Fez.

También en 1370 tomó Enrique II en Medina del Campo una serie de medidas de gobierno de entre las cuales hay que destacar su intento de poner freno a las violencias de la gente armada que tras tantos aĖos de guerras en numerosos casos (por falta de soldada) se había abierto al bandolerismo. Tuvo Enrique la idea de una « Hermandad » única para todo el reino (especie de policía popular) organizada por las ciudades con el cometido de luchar contra estos abusos pero que quedaría controlada por el ejecutor de la justicia real, el llamado « alcalde del rey ».

La decisión (y a veces crueldad) de Enrique en el frente portugués condujo al rey Fernando a aceptar un tratado de paz en 1371. Se llegó también a un a modo de paz con Aragón en enero de 1372.

En las Cortes de 1371 se organizaron las instituciones de justicia y administración (notariado y cancillería) y resultó muy oportuno para Enrique el voto de un ordenamiento limitando la capacidad del rey de conceder esas famosas « mercedes » que habían empezado a estrangular la economía del reino. También atendiendo a una petición popular (y tal vez en respuesta de la colusión entre Pedro I y los judíos castellanos) se decidió que los judíos llevarían distintivos y no podrían llevar nombres cristianos aunque Enrique se negó a la propuesta de incapacidad referente a los cargos públicos.

                  Volviendo a los conflictos internacionales, las hijas del rey don Pedro de Castilla y María de Padilla habían casado con los hijos de Eduardo III. Uno de ellos, el duque de Lancaster tomó el título de rey de Castilla y, cual un nuevo Guillermo de Normandía, levantó la empresa de conquistar Castilla por la fuerza. Se adelantaron los castellanos y tuvo lugar la batalla naval de La Rochelle donde los castellanos no sólo hundieron numerosos buques ingleses sino que se hicieron con un sustancioso botín (1372), lo cual permitió además que el rey de Francia pudiese recobrar pronto La Rochelle que estaba entonces entre las manos de los ingleses. Ante la sospecha fundada de un nuevo brote belicoso por parte de Fernando de Portugal, de nuevo se adelantó Enrique invadiendo Portugal y llegando hasta Lisboa donde de nuevo fueron firmadas las paces (abril 1373). Gracias a su sentido de la diplomacia y sus dotes previsoras, Enrique II pudo evitar enfrentamientos directos con los reinos orientales, Navarra y Aragón. Las paces se firmaron entre tratados y bodas en 1375, casando el infante Juan de Castilla con Leonor de Aragón y el infante Carlos de Navarra con Leonor de Castilla.

Esos momentos de relativa paz fueron aprovechados por Enrique para desarrollar su política interior intentando siempre acceder a las diferentes peticiones expresadas por los procuradores de las Cortes de 1377 (como ya lo había hecho en las Cortes de 1373 cuando Enrique procuró frenar las desigualdades tributarias y los abusos de los que percibían rentas) llegando incluso hasta cierta forma de proteccionismo por ejemplo con la prohibición de exportar oro. En el plano social, las clases no-nobles obtuvieron algunas garantías contra los abusos del poder seĖorial (pudiendo por ejemplo dar cuenta de éstos ante los alcaldes del rey, máxima autoridad judicial en las ciudades).

Aparece de nuevo la circunspección que caracteriza a este rey en el asunto del Cisma de Occidente, a partir de 1378 : sin contar con mayor información sobre el asunto, Enrique II se negó a seguir ciegamente la proposición de su mayor aliado el rey de Francia que le instaba a reconocer inmediatamente al antipapa Clemente VII y no al papa de Roma, Urbano VI, reconocido por Inglaterra.

Antes de morir todavía tuvo Enrique II que salvar con tenacidad y decisión una posible guerra contra Navarra debida a la nueva alianza de este reino con Inglaterra. Tras firmar la paz en mayo de 1379, cayó enfermo y murió.

 

 

 

 

JUAN I (1379-1391)

 

                  El breve reinado de Juan I está ante todo caracterizado por la guerra contra Portugal (y su principal aliado, Inglaterra) y por una política de conciliación (con los representantes de las Cortes) y reconciliación (entre los diferentes bandos de la nobleza, incluyendo a los antiguos petristas).

 

                  Ya dijimos que Juan estaba casado desde 1375 con Leonor de Aragón con quien tuvo al príncipe heredero, Enrique (futuro Enrique III, nacido en 1379) a Fernando (futuro Fernando de Antequera y luego rey de Aragón, Fernando I, nacido en 1380). La reina Leonor murió dando a luz de la infanta Leonor en 1382. Esta muerte cambió los planes del soberano portugués Fernando quien tenía la intención de casar a su hija Beatriz, única heredera suya con el infante de Castilla, Enrique. Fue el mismo rey Fernando quien solicitó al viudo rey de Castilla (y primo suyo, pues sus madres respectivas eran las hermanas Manuel) que casase con su hija otorgándole por lo tanto la posibilidad de convertirse en rey de Portugal. Juan I aceptó y así quedó estipulado en el contrato de matrimonio. Al morir en octubre de 1383 el rey Fernando, Juan I de Castilla se convertía automáticamente en rey de Portugal. Sin embargo, la mayor parte de los portugueses temían que Juan I no respetase la autonomía del reino luso prevista en el contrato de matrimonio y que aquél quedase sencillamente absorbido por el poderoso vecino. Este temor fue además astutamente utilizado y agudizado por el Maestre de Avis, dom Joaõ, hijo bastardo del rey Pedro I (†1367) quien muy pronto se ganó la simpatía del pueblo no solo encareciendo sentimientos patrióticos frente al sucesor extranjero sino mandando matar al conde de Ourem, favorito y amante de la reina viuda, doĖa Leonor Téllez quien quedaba como regente y gobernadora del reino. A pesar de algunos consejos contrarios a semejante empresa Juan I entró en Portugal dispuesto a hacer valer los derechos de su esposa y los suyos a finales de 1383 y recibió de manos de doĖa Leonor la regencia del reino. Abreviando, la guerra abierta con Portugal resultó un verdadero fracaso para la caballería castellana, concretamente tras la sonada derrota de Aljubarrota en agosto de 1385 que fue el « Azincourt » castellano. Se hizo la llamada « Paz de Trancoso » y las Cortes de Coimbra reconocieron al Maestre de Avis, antes « defensor » del reino, como rey de Portugal, con el nombre de Juan I. Al mismo tiempo Castilla hacía las paces con Inglaterra, aliada de Portugal y ponía fin al conflicto de las pretensiones del duque de Lancaster (casado con la hija de Pedro I) al aceptar Juan I la mano de la hija del duque Catalina de Lancaster para el heredero de Castilla, el infante Enrique. El matrimonio se celebró unos aĖos después, en 1388, y para tan seĖalada ocasión que parecía sellar simbólicamente una alianza entre antiguos petristas y trastámaras (pues casaba la nieta de Pedro I con el nieto de Enrique II), las Cortes instituyeron el Principado de Asturias para el heredero de la corona que existe aún hoy.

                  No es de extraĖar la convocación de Cortes por parte de Juan I en esta ocasión pues fue uno de los monarcas que más cortes convocaron a pesar de lo breve de su reinado, y las primeras que convocó fueron precisamente en 1379 para que pudieran presenciar su coronación. Sin imaginar evidentemente una monarquía parlamentaria, Juan I empero intentó, siguiendo de alguna manera los consejos de su padre, contentar en la medida de lo posible las aspiraciones de los procuradores en Cortes que al fin y al cabo eran los que representaban a los que a fin de cuentas alimentaban económicamente al rey, es decir las clases contributarias. En las 6 cortes convocadas en el decenio de Juan I, los procuradores obtuvieron considerables beneficios, como recortes en los gastos protocolarios, mayor representación política en el Consejo del rey, autonomía concejil en el nombramiento de alcaldes, recortes en las inmunidades eclesiásticas y toda una serie de medidas sociales que dan cuenta de los conflictos sociales endémicos de la Castilla medieval entre los ciudadanos, el grupo de los llamados « pecheros » y por otro lado el de nobles y eclesiásticos. [Entre las distintas medidas adoptadas en las Cortes de 1383 recordemos la decisión de paso a la Era cristiana dejando caduco el cómputo de la Era hispánica (al que hay que sustraer 38 aĖos)].

                  Pero las diferentes Cortes permitieron asimismo una modernización política y administrativa : en cuanto a la justicia el rey se comprometía (a partir de las cortes de 1383) a tener audiencia todos los viernes y a mejorar el funcionamiento de sus oidores y alcaldes. Además en las cortes de 1390 (las últimas que convocara) dispuso un lugar fijo para la Real Audiencia en vez de que esta fuera itinerante y se asentó en la ciudad de Segovia, facilitando por lo tanto las tareas de archivo y documentación y disponiendo de un personal fijo y cualificado ; en cuanto a la fiscalidad, una serie de leyes pretendían mejorar la recaudación y la contabilidad ; de las Cortes de 1385 (convocadas por Aljubarrota) salió el nuevo Consejo del rey con un reparto equitativo de representantes de los tres estados : 4 « perlados », 4 ricos hombres y 4 villanos ; un consejo que tenía un verdadero poder ejecutivo pues se encargaba de todos los asuntos excepto los de la justicia (reservados a la audiencia real) y algunos otros determinados por el rey que él trataba personalmente.

                  Fruto de esta política conciliadora fue que las Cortes no dudaron en otorgar al rey cuantos subsidios extraordinarios solicitó, por ejemplo en 1387 para zanjar deudas con Francia y pagar lo mercenarios.

                  Manifestación de esa política reconciliadora fueron las cortes de Guadalajara (1390) en las que Juan I quiso dar por terminadas las rencillas consecuentes a la guerra civil y fratricida y perdonó solemnemente a los partidarios del rey don Pedro devolviéndoles los bienes confiscados por su padre.

 

Juan I murió en octubre de 1390 durante una demostración ecuestre : cayó del caballo a galope y fue arrastrado por éste, muriendo en el acto.

 

 

 

ENRIQUE III (1390-1406)

 

                  Corto reinado también si tenemos en cuenta que contaba solo con 11 aĖos. Primer príncipe de Asturias.

Primeros aĖos turbulentos a causa de la regencia. Pero Enrique III decidió muy pronto tomar él mismo las riendas y empezó a reinar con solo 14 aĖos.

Portugal : a pesar de las treguas, Juan I invade Castilla por Badajoz pero la reacción enérgica castellana tanto por mar como por tierra obligó al rey de Portugal a volver a solicitar treguas que se renovaron por 10 aĖos (1398). En cuanto a política exterior destaquemos asimismo la conquista de las Islas Canarias realizadas por dos franceses a cuenta de Enrique III, Jean de Béthencourt y Gadifer de la Salle en 1404.

En lo administrativo, Enrique III creó el oficio de corregidor (representante del rey en los concejos para controlar a los alcaldes y regidores) con el que tras haber conseguido controlar a la nobleza la emprendía con el poder de las ciudades.

Inicio